Mujeres poniendo el cuerpo, el trabajo colectivo en Santa Cruz

“Mi labor me pone constantemente frente al reto de hacer un algo más que la mera tarea judicial. Me exige una “acción de humanidad” que va más allá de la función misma y que me deja esa rara gratificación de sentirse útil, valorada y querida por muchos a los que el dolor, la soledad, la […]

Mujeres poniendo el cuerpo, el trabajo colectivo en Santa Cruz

“Mi labor me pone constantemente frente al reto de hacer un algo más que la mera tarea judicial. Me exige una “acción de humanidad” que va más allá de la función misma y que me deja esa rara gratificación de sentirse útil, valorada y querida por muchos a los que el dolor, la soledad, la necesidad o el abandono, trae a mi despacho”, Stella Cvjetanovic, Defensora Pública en Perito Moreno.

Stella Cvjetanovic

Stella Cvjetanovic decide contarnos retazos de sus labores diarias y de esto modo valoriza el trabajo colectivo de las mujeres que integran la Asociación de Magistrados y Funcionarios de Santa Cruz (AMFSC).

“Trabajo como Defensora Pública en Perito Moreno, Santa Cruz, desde noviembre de 2005. Mi trabajo me ha exigido un continuo itinerar que me llevó a alcanzar los 42.000 km anuales yendo desde mi pueblo a la sede del juzgado en que originalmente litigaba, en Pico Truncado, y atendiendo necesidades de la gente de Los Antiguos y Lago Posadas, además de cumplir con mi actuación en los expedientes penales en Las Heras.

Gran parte del tiempo en transporte público, con lo que ya todos los choferes me conocían y en más de una oportunidad, habiéndome retrasado en llegar a la estación me esperaron, e incluso en una ocasión en la que perdí un botón de mi abrigo, al viaje siguiente, uno de ellos, lo puso, para mi alegría, gentilmente en mis manos, y otro ofreció “escoltarme”, cuando decidí encarar un corte de ruta en tacones, cargada de expedientes para sortear el escollo que me impediría llegar a tiempo a una audiencia.

Luego el Tribunal me asignó un pequeño auto oficial con el que, con mi compañera, la Dra. Gianina Lanni, corrimos un sinnúmero de aventuras por rutas eternas que ya conocemos de memoria por asfalto y por ripio en lugares por los que no circula nadie.

Mi trabajo me enfrentó un día a una niña de 13 años que se presentó diciendo: “usted demuestre que sirve para algo y encuentre a mi padre”, al que encontramos luego de una paciente búsqueda, pautamos un encuentro que generó un vínculo que aún perdura. A un hombre que me pidió buscara a su yerno pesquero perdido hacia 19 años, para reclamarle cumpliera con sus obligaciones de padre, para saber finalmente que la razón de su inesperada ausencia no era otra más que la muerte. Y me emocionaron sus lágrimas sanadoras repitiendo “yo sabía que era un buen muchacho”.

En otra oportunidad me puso en la obligación de encontrar el remedio legal para que unos niños que viven en el campo fueran escolarizados y todavía sus cuadernos, con olor a una infancia que conozco, me reconfortan. Tuve el honor y el raro privilegio de conseguir que un muchacho que quería recibir su título de ingeniero llevando el apellido del hombre que en los hechos fue su padre, tuviera su certificado de nacimiento con la anotación marginal que lo redimía del dolor y del olvido, una semana antes de que un injusto cáncer lo matara. Ello a modo de ejemplo de un sin número de anécdotas que podría relatar.

Mi equipo de trabajo se reduce a dos personas. Azucena Aleuy, una mujer que no ha trepidado en decir: “yo tengo lugar en casa”, cuando una víctima de violencia de género o un niño en situación de riesgo lo necesitaron, y el Dr. Marcelo Ramos, que se adapta a nosotras.

Mi trabajo hizo que mi hija, a los seis años, me increpara duramente al verme regresar a la medianoche diciéndome: “vos decís que ahora tenés un buen trabajo, pero yo no tengo mamá.” Sentencia que me obligara a replantear actitudes y que tal vez encierra la explicación del por qué ahora, cuando se aproxima el tiempo de mi retiro, siento esa necesidad de quedarme. Una suerte de adicción generada por una tarea que a diario exige, desafía y sorprende haciéndote creer necesaria.

Mi labor me pone constantemente frente al reto de hacer un algo más que la mera tarea judicial. Me exige una “acción de humanidad” que va más allá de la función misma y que me deja esa rara gratificación de sentirse útil, valorada y querida por muchos a los que el dolor, la soledad, la necesidad o el abandono, trae a mi despacho. En Suma, tengo el privilegio de ser Defensora Pública Oficial”.

Características de la provincia de Santa Cruz

La provincia de Santa Cruz es la segunda provincia más extensa del país pero, por otra parte, la segunda en densidad de población, después de Tierra del Fuego. Santa Cruz tiene ciudades desde el mar hasta la cordillera, lo que es fuente de muchas particularidades en su conformación, idiosincrasia y organización. Uno de los principales condicionantes es la distancia entre ciudades. Esta circunstancia ha sido una verdadera dificultad al momento de generar reuniones y actividades, ya que hay que trasladarse por más de 750 km para llegar desde el norte de la provincia –por ejemplo, desde Caleta Olivia- hasta Río Gallegos, su capital. Ello traía en sí mismo varios problemas, tanto para poder conocerse entre los integrantes de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de Santa Cruz, como para realizar reuniones de comisión o hacer capacitaciones (por el traslado de los docentes y de los participantes, por vía aérea o terrestre). “Tanto es así que muchas veces los propios integrantes de la comisión no llegamos a conocernos personalmente”, relatan.

Otro factor que aquí determina la vida es el clima, ya que en invierno la mayoría de las rutas son intransitables por algunos períodos de tiempo debido a las nevadas y el hielo o escarcha sobre el asfalto. En épocas de tormentas de viento hay precauciones que deben tenerse presentes, lo que hace que la logística sea aún más elaborada.

A pesar de los avatares propios de la geografía y el clima, la Asociación de Magistrados y Funcionarios de Santa Cruz (AMFSC), constituida en el año 1983. reúne actualmente un total de ciento cincuenta y seis asociadas/os, que son integrantes de la magistratura (incluida la Justicia de Paz); el funcionariado; los ministerios públicos; las Oficinas de Violencia.

“Uno de los principales objetivos de la Asociación ha sido, desde hace muchos años, la capacitación de los/as asociados/as. Debemos resaltar la enorme posibilidad que se generó en este sentido sobre el año 2018 a raíz de una iniciativa de FAM en la realización de Espacios Virtuales y en un acuerdo con “FLACSO”, que permitió generar capacitaciones en forma remota mediante el uso de Internet. Esto se vio reforzado al ser sorprendidos por la pandemia de COVID -19 y una forma más fácil de llegar a más interesados. Tanto es así que actualmente la AMFSC gestiona mediante plataforma zoom numerosas actividades de las que participan colegas de todo el país, lo que nos enorgullece enormemente”.